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La ciudad no es para los niños

prohibido

Fuente: encontrada en Facebook

Urbanizaciones cerradas donde no se permite jugar a la pelota, plazas de barrio plagadas de carteles prohibitorios, calles y avenidas donde los niños no pueden jugar, esparcirse, divertirse. Que nuestras ciudades son cada vez más hostiles para los más pequeños es algo cada vez más patente.

Está claro que tenemos cada vez más parques de juego infantiles para que los niños entre tres y ocho años se diviertan. Pero, están enfocados justamente en esas edades. ¿Qué pasa con los menores de tres? Las únicas instalaciones infantiles para esas edades suelen encontrarse en los colegios y en las guarderías, así que toca rascarse el bolsillo. ¿Y qué pasa un domingo por la tarde? Pues que el niño tendrá que jugar en el parque de niños mayores o no jugar. Eso por no hablar del estado en que se encuentran o, mejor dicho, del mal estado: nuestros políticos las inauguran, se hacen la foto de rigor y luego si te he visto no me acuerdo. Al parecer, la palabra mantenimiento no forma parte de sus agendas.

¿Y para los mayores de ocho? Ahí es donde está el negocio. Hoy día los niños de ocho o más años no se divierten en la plaza pública como hacíamos sus padres de niños. No. Para eso el capitalismo moderno ha inventado dos opciones con las que obtener beneficio del ocio infantil y mantener a los padres en el puesto de trabajo: las actividades extraescolares y los videojuegos. Las actividades extraescolares llenan un hueco de esta ajetreada vida moderna: si los padres tienen que echar mil horas para poder llegar a fin de mes con un sueldo ínfimo, en algo tienen que ocupar sus hijos las horas que no le pueden dedicar sus padres. Hoy día los chiquillos van a clases de inglés o de informática, tienen horas de deportes varios, de catequesis, de solfeo,… y un largo etcétera. Y parece que seas mal padre si no apuntas a tu hijo a alguna de ellas. Y, mientras, hay todo tipo de academias, asociaciones o entidades haciendo caja con el ocio infantil y la falta de tiempo de sus padres.

Las actividades deportivas de todo tipo son, en mi opinión, lo más sangrante del asunto. Antes te reunías en la calle, en la plaza pública o en un descampado con otros niños para echar un partido. Echabas la tarde, hacías deporte, te relacionabas con otros niños. Hoy día no hay sitio para hacer eso como no sea en un polideportivo, pagando, obviamente, las correspondientes cuotas. Y, dada la competitividad imperante en nuestras vidas en estos tiempos acelerados, y que ya no parecemos concebir la diversión por pura diversión, termina el niño federado, echando más horas que un profesional y entrenando como si le fuese la vida en ello. Y no sólo eso, sino levantándose al amanacer un sábado para competir en una ciudad cercana o, peor, de otra provincia, obligandose el padre a meterse kilómetros de carretera en el cuerpo y quitarse horas de sueño de encima un sábado de descanso, después de toda una semana trabajando. Y hablo no sólo de niños de ocho años sino también, a veces, de menos. Y todo para que éste socialice y haga ejercicio… como haría si jugase en la plaza al lado de casa con otros niños. Pero como todos creemos que nuestro hijo es un Messi o un Nadal en potencia…

En cuanto a los videojuegos, se trata de otro invento fantástico de la industria. Aprovechando nuestras ansias por estar a la última en lo que a tecnología se refiere, y las consolas y videojuegos no iba a ser una excepción, no dejan de sacarnos los cuartos todos los años. Y los niños son un mercado fácil. Y ahí los tenemos, encerrados en casa, jugando con el vecino de enfrente sin salir del salón o de su cuarto.

En definitiva, en eso consiste el ocio infantil de nuestros días: o encerrados en casa consumiendo videojuegos o apuntados a clase de todo tipo que se llevan un buen pellizco del presupuesto familiar. Y con la excusa de la seguridad, los niños no salen a la calle, con la falacia de prepararlos para su futuro se zampan mil horas de actividades fuera de horario lectivo, con la promesa de descubrir al nuevo Messi o la nueva Comanecci entrenan como profesionales, haciendo de la diversión una obligación. Y, mientras los padres dan cochazos de acá para allá y se quitan horas de descanso, hay quien gana lo que no ganaría si los niños simplemente pudiesen jugar en la plaza del barrio como se ha hecho siempre.

Contenidos para niños 2

children-403582_640En los años 70 y 80 María Luisa Seco nos contaba historias, Gloria Fuertes nos recitaba poemas, Rosa León nos cantaba canciones (aprendimos con ella la diferencia entre ciencia y brujería o lo remilgadas que pueden ser las reinas, por ejemplo), Torrebruno nos proponía juegos sin fin y el dibujante José Ramón Sánchez nos dibujaba sueños.

Nos divertíamos, como no, con programas como La mansión de los Plaff, Un globo, dos globos, tres globosLa cometa blanca, Barrio Sésamo o, como no podía ser menos, Los payasos de la tele, al tiempo que aprendíamos valores. Pero, sobre todo, aprendíamos ciencia con series como Érase una vez el hombre y sus diversas secuelas o programas como 3, 2, 1, contacto… o Los sabios o la afamada Cosmos de Carl Sagan. O nos asomábamos a la literatura con series animadas como Don Quijote de la Mancha, Ruy, el pequeño Cid, D’Artacán y los tres mosqueperros, La vuelta al mundo de Willy Fog,… por no mencionar las famosísimas Heidi o Marco. Programas y series que acercaban la ciencia o la literatura a los más pequeños.

Es cierto que hoy existen canales dirigidos expresamente a niños. Y cuentan con algunos buenos programas que educan en valores como Pocoyó, Peppa Pig, Doctora Juguetes, Yoko y sus amigos o la ya famosa La patrulla canina. Pero, por lo demás, suelen abundar las series de situación típicas y repetitivas. Los de mi generación echamos de menos programas educativos como los de otros tiempos. ¿Qué contenidos científicos encontramos hoy día en la tele, ni siquera para adultos, ni siquiera en la televisión pública? ¿El rato de “ciencia” de El hormiguero? En nuestra época contábamos con un maestro de la divulgación como Félix Rodríguez de la Fuente. ¿Con qué cuentan los jóvenes de hoy? ¿Frank de la jungla? Ya no hablemos de humanidades en general, ausentes eternas en la programación televisiva. ¿Cómo pretendemos, entonces, que nuestros niños tengan espíritu crítico o curiosidad científica? ¿O será que esto no nos interesa?

En definitiva, en nuestra infancia teníamos menos canales y menos opciones donde elegir pero disponíamos a nuestro alcance de programas y series de calidad que nos abrían la mente al conocimiento. Hoy, en cambio, mi hijo no cuenta con esas ventajas que tuve yo. Al menos, en la televisión generalista.

Imagen:

Pixabay.

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En los cada vez más lejanos tiempos de mi infancia, los niños de los años 70 u 80 disponíamos de todo un elenco de artistas que cantaban para nosotros: Parchís, Enrique y Ana, BotonesLos payasos de la teleRosa LeónTorrebruno o, más tarde, Teresa Rabal. Todos nos cantaban canciones compuestas expresamente para nosotros, que cantábamos no sólo con cinco o seis años, sino hasta con doce y catorce. Y no me refiero a canciones de adultos para que las canten niños, sino a canciones infantiles, pensadas para público infantil que luego tarareábamos en el cole. En todas las infancias ha pasado, en la de nuestros abuelos, en la de nuestros padres o en la nuestra: los niños siempre han cantado canciones infantiles, pensadas para ellos.

Hoy, en cambio, los niños más pequeños han de conformarse con los Cantajuegos o emisoras como Babyradio, que, en la mayoría de los casos, se limitan a recoger éxitos de los anteriormente citados. Pero, ¿qué cantan los que son un poco más mayorcitos, los que ya tienen más de cinco años? ¿Canciones de Sharika o Rihanna? ¿Reguetón? ¿Cualquier éxito de moda? Todo muy apropiado para niños pequeños, desde luego. Pero es la música que suena en las fiestas de fin de curso de los colegios, es la música que oyen en la radio o la televisión porque no hay programas especiales con canciones para ellos o es la música que luego acuden a interpretar en programas de la tele.

¿Qué ha pasado con las canciones infantiles de siempre? ¿Es que pretendemos que los niños sean mayores antes de tiempo? ¿Tenemos prisa por que abandonen la infancia? ¿Tanto necesita la industria vender sus éxitos que necesita invadir la infancia? No digo yo que volvamos a las canciones de Teresa Rabal. Pero entre Teresa Rabal y Rihanna debe haber un término medio, ¿no?

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