Archivo de la categoría: Palabras

¿Pez o pescado?

1024px-pescado_frito_diverso

Plato de pescado frito variado. Autor: Tamorlan. Wikimedia Commons.

En el ámbito de la ciencia los seres vivos se clasifican atendiendo exclusivamente a sus características físicas, que son las que determinan que hablemos de aves o de mamíferos, de felinos o de primates, por poner por caso. En el habla, en cambio, son múltiples las clasificaciones que se pueden realizar, atendiendo no sólo al aspecto físico sino a cualquier otra circunstancia, puesto que solemos clasificar a los seres vivos en función de su relación con el ser humano. Una de esas posibles clasificaciones es la que manifiesta la dicotomía animal vivo / animal muerto y listo para comer. No es una distinción muy habitual en nuestra lengua, pero sí en la lengua inglesa, que cuenta con una amplia variedad de términos para referirse a animales comestibles. Así, tenemos cow / beef, “vaca”, calf / veal, “ternera”, pig / pork, “cerdo”, sheep / mutton, “oveja”, hen o chicken / poultry, “gallo o gallina”, deer / venison, “ciervo o venado”, snail / escargot, “caracol”, dove / pigeon, “paloma, pichón”. En todos los casos, el primer término se usa para referirse al animal vivo, mientras que el segundo se utiliza para hacer referencia al animal sacrificado y listo para comer o bien a la carne de ese animal. Es decir, en función de la situación del animal, se utilizará un término u otro para referirnos al mismo ser vivo.

Como suele ser habitual en estos casos, esta distinción tiene razones históricas. Así, los términos que hacen referencia al animal vivo proceden de la lengua de los sajones, mientras que los que hacen referencia al animal muerto o guisado proceden del francés de sus dominadores normandos. En aquellos tiempos, los sajones, que no podían permitirse comer carne pero, en cambio, sí estaban en contacto con los animales de donde procedía esa carne, bien cuidándolos, bien cazándolos o recolectándolos, se referían a ellos en su lengua sajona. En cambio, cuando esos mismos animales, ya sacrificados, pasaban a las mesas de los nobles normandos, éstos los denominaban en su lengua francesa. De ahí que esta doble denominación haya pasado al inglés de nuestros días (Para una lista completa de dobles términos anglosajones / normandos puede consultarse la Wikipedia).

En nuestra lengua, en cambio, esta dicotomía sólo está presente en un par de palabras que designa no a un animal concreto, sino a un conjunto de animales: pez / pescado. El primer término designa al animal vivo en su medio acuático, ya sea éste natural (mar, río, lago) o artificial (fuente, acuario, pecera). Se utiliza, pues, en contextos en los que hacemos referencia a un animal vivo, como podemos apreciar en frases como “El submarinista divisó un banco de peces”, “El biólogo ha descubierto una nueva especie de pez” o “Los niños rescataron al pez en la orilla y lo devolvieron al mar”. También es el término a utilizar para referirnos al nombre propio de una especie concreta, aunque se utilice en contextos de animal muerto; así, decimos “Hoy he comido pez espada” y no *”Hoy he comido pescado espada”. En cambio, cuando nos referimos al animal capturado o cocinado, fiel a su origen etimologico, utilizamos el segundo término. Así, en frases como “Ese atunero lleva la bodega llena de pescado”, “Este restaurante tiene una muy buena carta de pescado” o “Vino al sur a comer pescaíto frito”. La línea divisoria, claro está, no siempre es totalmente clara y, así, podemos decir “Ha pescado un pez enorme” porque, aunque ya capturado, el animal aún está vivo. Pero, aún así, por mucho que nos empeñemos, no podemos ver “pescaítos” en una pecera o una fuente porque aún siguen vivos y coleando.

Ésta, en definitiva, y no otra es la razón de que, en ámbitos culinarios, se utilicen unos términos y no otros para referirnos al mismo animal o grupo de animales.

El término soltero y los nuevos modelos de pareja

food-couple-sweet-married

Tarta de boda. Pexels

El campo semántico del estado civil siempre ha estado compuesto por muy pocos términos: soltero, “aquel que no está casado”; casado, “aquel que ha contraído matrimonio”; y viudo, “aquel que ha perdido a su cónyuge por fallecimiento y no se ha vuelto a casar”. En los últimos tiempos, a estos términos se han unido separado, “aquel que rompe la vida en común con su cónyuge, manteniendo el vinculo matrimonial” y divorciado, “aquel que ha disuelto, mediante sentencia, su vínculo matrimonial, con cese efectivo de la convivencia conyugal”. Como vemos, todos los términos giran alrededor de un foco común: el enlace matrimonial, sea éste civil o religioso. Así, si se produce o no ese enlace o éste se rompe de alguna manera una vez realizado, utilizaremos un término u otro. Esto es así porque, en el ámbito administrativo, de donde procede este campo, es ese vínculo matrimonial el que determina el acceso a ciertos derechos: su presencia puede dar lugar a beneficios fiscales o a autorizaciones de residencia, por ejemplo, mientras que su pérdida puede dar derecho a pensiones o a otros beneficios.

Hoy, en cambio, han surgido nuevas formas de relaciones: hay quien convive sin estar casado, hay quien formaliza únicamente una unión de hecho, hay quien prefiere no casarse pero mantener parejas esporádicas,… Todo esto ha llevado a que, en el habla, se traslade el foco de atención desde el acto formal del matrimonio a la relación afectiva que se tenga con la pareja. Es decir, en el habla no resulta tan importante ese acto formal como la relación afectiva en sí.

El problema de esto es que no hay palabras nuevas para expresar estas nuevas relaciones. Quien convive con alguien sin estar casado, por ejemplo, es soltero, pero resulta raro en esa situación definirse como tal. Precisamente, esta palabra es la primera que está sufriendo un proceso de cambio de significación. Hoy día soltero ya no es sólo quien no está casado, sino muchas veces quien no tiene pareja. No es raro oír hoy, sobre todo en boca de jóvenes, frases como “lo he dejado con mi novio y vuelvo a estar soltera” o “después de dos años soltero me apetece volver a tener pareja” o toparse con títulos de película como Mejor… solteras, que trata de traducir el original inglés How to Be Single, queriendo decir “mejor sin pareja”.

Y que duda cabe que el inglés ha influido mucho en el cambio de significación de esta palabra. El inglés single -que procede del adjetivo plural latino singuli, singulae, singula, que significaba “solo, único, aislado” y que ha dado términos en español como singular– significa “soltero” pero también “que no tiene relación afectiva”, de modo que la frase a single man puede traducirse tanto como “un hombre soltero, no casado”, como también como “un hombre sin pareja afectiva”. En español, además, el término single, como tantos otros anglicismos, se ha introducido ya en nuestra lengua, con un marchamo, además, de prestigio: suele definir un estilo de vida, el de quien ha decidido mantener su soltería en aras de una mayor libertad y autonomía. Una modernización, por decirlo así, del clásico solterón de toda la vida que ya se va perdiendo. Y es, tal vez, en este sentido en el que empieza a utilizarse el término inglés en nuestra lengua, influyendo así en el español soltero.

Como decía, no existe, en cambio, terminos nuevos para relaciones nuevas. ¿Cómo llamar al que vive en pareja sin estar casado? ¿Emparejado?, ¿ennoviado?, ¿arrejuntado, como dicen los castizos? No parece que estos términos tengan mucha acogida. ¿Y a los que se inscriben como parejas de hecho sin estar casados?… Los que tienen pareja con la intención de casarse, hace tiempo que ya tienen término, prometidos, ese concepto que en España se usa poco pero que las películas estadounidenses nos hacen aceptar como habitual. En cambio, al menos entre gente joven, se utiliza poco el de divorciado, separado o incluso viudo; se prefiere el de soltero en expresiones como “Mi madre vuelve a estar soltera después de divorciarse de mi padre” o “Desde que murió su marido está viviendo una segunda soltería”.

En definitiva, es el término soltero el que se está adaptando a los tiempos, acogiendo signifcados nuevos que antes no tenía y absorviendo otros significados, en espera de que lleguen nuevos términos para las nuevas relaciones.

Fuentes:

RAE, Your Dictionary, Wikcionario.

El embrujo del ganchillo

Bitácora personal de José María Gálvez Caraballo

El retorno de los charlatanes

Bitácora personal de José María Gálvez Caraballo

Siglos Curiosos

Bitácora personal de José María Gálvez Caraballo

Strambotic

Bitácora personal de José María Gálvez Caraballo

La pizarra de Yuri

Bitácora personal de José María Gálvez Caraballo

Wardog y El Mundo

Bitácora personal de José María Gálvez Caraballo

Gente del Puerto

Habitantes de El Puerto de Santa María

Librillo de Ramón Buenaventura

Ocurrencias y blablás diversos

miBrujula.com

todo lo que se cuece en la red

Oink! | navegando por ti desde principios de siglo |

Bitácora personal de José María Gálvez Caraballo

Yorokobu

Bitácora personal de José María Gálvez Caraballo

Fritipiti

Bitácora personal de José María Gálvez Caraballo

Siliconeando

Bitácora sobre manualidades de Carmen Rodríguez