Archivos Mensuales: diciembre 2016

Sobre navidades modernas

El próximo día 25 celebraremos Navidad. Y llenaremos nuestras casas de adornos y de árboles con luces y de regalos. Los sectores más conservadores y la Iglesia Católica no dejan de lanzarnos advertencias: que si nos estamos dejando llevar por el consumismo, que nos estamos alejando de una celebración auténticamente cristiana y deberíamos volver a los orígenes,… Haciendo memoria, en mi entorno más cercano, no recuerdo que ninguna Navidad, desde mi más tierna infancia (y ya voy camino del medio siglo), fuese cristiana en sentido religioso: nunca hemos ido a la misa del gallo, ni prestado demasiada atención al Papa y sus mensajes, ni compartido rezos u oraciones en que se recuerde el hecho religioso del nacimiento de Jesús. Más bien, al contrario, como muchas otras familias, siempre la hemos vivido como una fiesta para reencontrarnos con la familia: nos hemos reunido para comer, nos hemos hecho regalos, nos hemos reencontrado con los que vuelven a casa por Navidad.

Volviendo al hecho religioso, supuestamente celebramos el nacimiento de Jesús en este día. Pero, ¿realmente nació Jesús el día de Navidad? La Iglesia primitiva de los primeros siglos de nuestra era, antes de aceptar la fecha pagana del 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Jesús, no lo tenía nada claro y celebraba la fiesta en fechas muy variadas: el 6 de enero o el 25 de marzo o el 28 de marzo o el 19 de abril o el 20 de mayo o el 17 de noviembre; casi todas, pues, en primavera. Pero, no será hasta el año 354, mediante decreto del papa Liberio, que la Iglesia adopte oficialmente la fecha del 25 de diciembre como fecha oficial del nacimiento de Jesús.

Como es sabido, el 25 de diciembre se celebraba, en la antigua fiesta pagana de las saturnales, la fiesta del sol invicto. Durante siete días, del 17 al 23 de diciembre, a la luz de velas y antorchas, se celebraba el final de la oscuridad y el nacimiento del Sol invicto, coincidiendo con la entrada del Sol en el signo de Capricornio (solsticio de Invierno) el día 25, en unas celebraciones en honor de Saturno, dios de la agricultura. Eran días de bulliciosas diversiones, banquetes e intercambios de regalos. En época del nacimiento del cristianismo, el 25 de diciembre se celebraba, además, el nacimiento del dios Mitra. El cristianismo naciente, que competía por entonces con el mitraísmo y con el paganismo en general, para no perder fieles, aceptó tal fiesta, adaptándola como la del nacimiento de Jesús, de forma que las celebraciones por el nacimiento del Sol siguieron celebrándose convertidas en celebraciones por el nacimiento de Jesús.

Como decíamos, las Saturnales eran unas fiestas en las que se decoraban las casas con plantas y se encendían velas para celebrar la nueva venida de la luz. Además, se compartían regalos con amigos y familiares. Por otro lado, los judíos (los primeros cristianos seguidores de Jesús eran judíos, con costumbres y tradiciones judías) celebraban -y celebran aún, claro- en esas fechas la Janucá o Fiesta de las Luces, fiesta que, durante ocho días, conmemoraba la derrota de los helenos y la recuperación de la indepencia judía a manos de los macabeos. Esta fiesta solía celebrarse alrededor del 22 de diciembre y en ella era costumbre reunirse con familiares y amigos para encender la januquiá y también intercambiar regalos. Los niños jugaban con un tipo de perinola y solía tomarse alimentos especiales para estos días. En definitiva, tanto en el mundo romano como en el judío, se realizaban celebraciones del solsticio de invierno en unas fechas en que han acabado las faenas agrícolas, cuando el sol “muere” simbólicamente y vuelve a renacer de nuevo con días más largos a partir de estas fechas. Y se hacía más o menos como hoy: reuniéndose en familia, compartiendo regalos, tomando dulces típicos, adornando la casa y encendiendo luces.

Así pues, quizá no es que hoy día estemos pervirtiendo el significado de la fiesta religiosa, sino, tal vez, es que estamos volviendo a los orígenes: celebramos que el Sol deja de tener menos horas durante el día y vuelve a renacer de nuevo. Que el ciclo vital se mantiene. Y lo celebramos con derroches de luz, compartiendo cenas y regalos en familia y reuniéndonos de nuevo a pesar de las distancias geográficas o emocionales. Quizá viene a ser lo único importante.

¿Pez o pescado?

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Plato de pescado frito variado. Autor: Tamorlan. Wikimedia Commons.

En el ámbito de la ciencia los seres vivos se clasifican atendiendo exclusivamente a sus características físicas, que son las que determinan que hablemos de aves o de mamíferos, de felinos o de primates, por poner por caso. En el habla, en cambio, son múltiples las clasificaciones que se pueden realizar, atendiendo no sólo al aspecto físico sino a cualquier otra circunstancia, puesto que solemos clasificar a los seres vivos en función de su relación con el ser humano. Una de esas posibles clasificaciones es la que manifiesta la dicotomía animal vivo / animal muerto y listo para comer. No es una distinción muy habitual en nuestra lengua, pero sí en la lengua inglesa, que cuenta con una amplia variedad de términos para referirse a animales comestibles. Así, tenemos cow / beef, “vaca”, calf / veal, “ternera”, pig / pork, “cerdo”, sheep / mutton, “oveja”, hen o chicken / poultry, “gallo o gallina”, deer / venison, “ciervo o venado”, snail / escargot, “caracol”, dove / pigeon, “paloma, pichón”. En todos los casos, el primer término se usa para referirse al animal vivo, mientras que el segundo se utiliza para hacer referencia al animal sacrificado y listo para comer o bien a la carne de ese animal. Es decir, en función de la situación del animal, se utilizará un término u otro para referirnos al mismo ser vivo.

Como suele ser habitual en estos casos, esta distinción tiene razones históricas. Así, los términos que hacen referencia al animal vivo proceden de la lengua de los sajones, mientras que los que hacen referencia al animal muerto o guisado proceden del francés de sus dominadores normandos. En aquellos tiempos, los sajones, que no podían permitirse comer carne pero, en cambio, sí estaban en contacto con los animales de donde procedía esa carne, bien cuidándolos, bien cazándolos o recolectándolos, se referían a ellos en su lengua sajona. En cambio, cuando esos mismos animales, ya sacrificados, pasaban a las mesas de los nobles normandos, éstos los denominaban en su lengua francesa. De ahí que esta doble denominación haya pasado al inglés de nuestros días (Para una lista completa de dobles términos anglosajones / normandos puede consultarse la Wikipedia).

En nuestra lengua, en cambio, esta dicotomía sólo está presente en un par de palabras que designa no a un animal concreto, sino a un conjunto de animales: pez / pescado. El primer término designa al animal vivo en su medio acuático, ya sea éste natural (mar, río, lago) o artificial (fuente, acuario, pecera). Se utiliza, pues, en contextos en los que hacemos referencia a un animal vivo, como podemos apreciar en frases como “El submarinista divisó un banco de peces”, “El biólogo ha descubierto una nueva especie de pez” o “Los niños rescataron al pez en la orilla y lo devolvieron al mar”. También es el término a utilizar para referirnos al nombre propio de una especie concreta, aunque se utilice en contextos de animal muerto; así, decimos “Hoy he comido pez espada” y no *”Hoy he comido pescado espada”. En cambio, cuando nos referimos al animal capturado o cocinado, fiel a su origen etimologico, utilizamos el segundo término. Así, en frases como “Ese atunero lleva la bodega llena de pescado”, “Este restaurante tiene una muy buena carta de pescado” o “Vino al sur a comer pescaíto frito”. La línea divisoria, claro está, no siempre es totalmente clara y, así, podemos decir “Ha pescado un pez enorme” porque, aunque ya capturado, el animal aún está vivo. Pero, aún así, por mucho que nos empeñemos, no podemos ver “pescaítos” en una pecera o una fuente porque aún siguen vivos y coleando.

Ésta, en definitiva, y no otra es la razón de que, en ámbitos culinarios, se utilicen unos términos y no otros para referirnos al mismo animal o grupo de animales.

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