Hágalo usted mismo

Qué tiempos aquellos cuando ibas a una gasolinera y, sin bajarte del coche, un empleado te llenaba el depósito y hasta te limpiaba el parabrisas. Hoy eres tú el que se tiene que arremangar, coger la manguera y servirse como buenamente sepa. Y limpiarse el coche y llenarse las ruedas y limpiarse los cristales,… Mientras, el único gasolinero del lugar te mira sin despeinarse, atrincherado tras su mostrador y no se mueve ni para venderte cualquiera de los mil productos que hoy se despachan en una gasolinera a precio de oro.

Qué tiempos aquellos cuando te sentabas a tomar algo y acudía un camarero a servirte. Hoy -sobre todo en la mayoría de los centros comerciales-, las cafeterías, los restaurantes, las pastelerías, las heladerías,… son esos sitios donde tú te lo guisas y tú te lo comes. Los camareros han sido sustituidos por simples dependientes que se limitan a servirte en barra lo que quieras o, en el peor de los casos, a cobrarte y vas que chutas. Eres tú el que se tiene que servir y el que, al acabar, tendrá que recoger su bandeja para llevarla a la papelera. Y ni a cobrarte vendrán a tu mesa.

Qué tiempos aquellos, diremos también dentro de no demasiado, cuando ibas a un supermercado y una cajera te cobraba la compra. Cada vez son más las grandes superficies que esperan que tú mismo hagas ese monótono trabajo y, así, en lugar de contratar a cuatro cajeras disponer sólo de una que supervise a los clientes. Supongo que en un futuro no muy lejano las cajas serán como los escáneres de Desafío total y no habrá siquiera que descargar el carro en cinta transportadora alguna.

Pero, aunque nosotros repostemos el combustible en nuestros depósitos, aunque con nuestras manos llevemos nuestra comida a la mesa o aunque nosotros mismos pasemos nuestros productos por caja, ni la gasolina, ni el almuerzo, ni la compra nos salen más baratos. Antes al contrario, pagamos hoy más caro que nunca por los mismos servicios que antes nos ponían en mano y ahora nosotros mismos nos despachamos.

Lo mismo puede decirse de bancos o cajas que ya no actualizan libretas en sus oficinas y te envían al cajero automático a que tú hagas su trabajo, aunque no se olviden de seguir cobrándote comisiones de mantenimiento todos los meses. Y de esos supermercados donde todo el trabajo de frutería o verdulería lo haces tú mismo, aunque no te hagan descuentos por ello. El summum en esta tendencia son esas lavanderías, autolavados para coches, tiendas de máquinas de refresco y bocadillos abiertas las veinticuatro horas,… que ni siquiera necesitan personal. Tan sólo un empleado que acude cada cierto tiempo a recoger la recaudación. El túteloguisastútelocomismo llevado a su máxima expresión.

Pero es lo que traen los tiempos. Las empresas han descubierto que ganan más pagando menos y no van a abandonar ese camino. Ya lo hicieron con la mecanización del campo o de las fábricas, por qué no iban a hacerlo con la de los servicios. En el futuro, todo lo que se pueda automatizar se automatizará, mal que nos pese. Si en el campo se ahorraron jornaleros y en las fábricas obreros, ahora se ahorrarán dependientes y cajeros y camareros,… Aunque suponga que los clientes paguemos más por hacer nosotros mismos trabajos que antes hacían otros. Y, además, lo hagamos gustosos. Capitalismo en acción que se le llama: menos manos de obra, menos quebraderos de cabeza para el empresario en forma de huelgas, de reclamaciones de mejoras salariales o de bajas y más beneficios, que es lo único que interesa, al fin y al cabo. La misma historia de siempre, sin ir más lejos.

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